22 sep. 2011

Y cae el telón, como la lluvia.


Nadie ve los despojos del ángel.
Pluma de nácar, pluma de sangre,
no quiero que me escribas.
Como una vela escondida,
como una caja vaciada,
así estoy.
Inutilidad suprema es la que surge.
Brazos creyentes, vestigios de fe.
No puedo cumplir, no hay que decepcionarlos.
No creo que se oculte con el sol.
Y cae el telón, como la lluvia.
Pero antes una muerte y entonces aplausos.

19 sep. 2011

Último recorrido.



Era otra persona ahora, no por voluntad propia sino por herencia.
"Los pecados de los padres..."
Miraba los cepillos de dientes y sabía que se tenía que ir.
Se llevó sólo el cepillo, se compraría otro enjuague bucal y otra pasta.

Recordó la compra de los portacepillos que hizo con su esposa. Con su amada esposa, ahora a punto de ser una esposa abandonada.
Si se le ocurriera una manera de fingir su muerte... pero él no tenía ni la imaginación ni el tiempo para esos planes.
Suicidarse era una solución que consideró. Pero no le parecía un acto decente, dejar la sangre y el cadáver para que los otros tengan que arreglar el problema que en realidad es suyo, no señor. Huir no es correcto, pero parece ser el peor de los males.
No sabe si dejar una nota, no sabría qué decir. "Me tengo que ir porque soy un monstruo" quizás lo explicaría todo, pero al mismo tiempo no explicaría nada y menos de todo lo realmente importante.
Garabateó un "Me tengo que ir, pero los amo", arrugó el papel y estuvo a punto de tirarlo, pero algo les tenía que decir, así que desenrolló el papel y lo dejó de nuevo sobre la mesa del comedor.

Cerró la puerta con llave, fue hasta la esquina y dejó caer en la boca de tormenta la llave, para no poder volver con ninguna excusa. Desde la terraza del vecino, el gato fue el único testigo de la huida.

16 sep. 2011

Retorciendo el lenguaje



Después de que los profesores corrigieran (en un alarde de buen humor) la carta HOYGAN con faltas de ortografía (y de vergüenza) de Esperanza Aguirre, leer esto...


(correcciones perpetradas por @gallir)

queda fatal...

Mención especial a la @, símbolo de internet y últimamente, de un bobochorrista intento de demostrar que uno es más demócrata y ¿no-sexista? que nadie. Confundir el género neutro con sexismo, el super-avance. Como ponía el otro día en twitter, "La gente que cree que el lenguaje es sexista y se soluciona con una @,creerá que las armas son violentas y se soluciona pintándolas de rosa"

Probablemente este anuncio no esté redactado por los mismos profesores que le corrigieron la carta a Espe, pero no es precisamente un ejemplo de ortografía. Y por supuesto, ni mucho menos se trata de desautorizar a los profesores, a los que he defendido por activa y por pasiva frente a la cacicada de nuestra invulnerable lideresa que, por otro lado, debió suspender lógica y matemáticas en el cole y ahora mismo, habrá puesto en la lista de los más buscados de la policía municipal al corrector ortográfico del Word.

Y si mención aparte merece la @, lo de quitarla y poner una X ya es de juzgado de guardia. He leído varias misivas con "X" y, además del obvio hecho de que cuando le pides al perpetrador que lo lea en voz alta, el pobre cortocircuita, el hecho es que muchas veces no son ni siquiera homogéneos en su censura de género y acaban dejando algún "los" suelto... en resumen, parecen un crucigrama hecho por un aficionado.

15 sep. 2011

"Puto el que lee esto".

Traigo a colación la célebre frase que se volvió a poner en los ojos del gran público luego del descubrimiento que se hizo del contrato del futbolista Lamela, como salió en Clarín:

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Los abogados son muy bravos. Uno piensa que detrás de un contrato tan grande las cosas están más que claras. Lo cierto es que el chistoso abogado de la firma que se encargaba del contrato del pase millonario de Lamela a la Roma puso algunas cláusulas de más en la “letra chica” del mismo, agregando frases como “Lamela debe mantener su corte de pelo que lo hace parecido a Cristiano Ronaldo”, “¿Quiere usted agrandar su combo llevándose a Funes Mori?” y finalmente, lo que terminó de enojar al club italiano, un “puto el que lee” y además, una cláusula que culpa de todos los conflictos que puedan surgir a un tal Marcelo (“Agachate y conocelo”). Esto no cancela la venta de Lamela, pero hizo que otros revisen la letra chica de sus contratos, como Ricky Alvarez que encontró en su reciente transacción con el Inter un “Vélez, corrés de local”. Qué barbaridad.


+ + +
La verdad es que el abogado que hizo este contrato merece varios premios.


En palabras de Fontanarrosa:
"Puto el que lee esto". Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.


Lo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. "Puto el que lee esto", y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento..." Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.

Ojalá se me hubiese ocurrido a mí un comienzo semejante. Ese es el golpe que necesita un lector para quedar inmovilizado. Un buen patadón en los huevos que le quite el aliento y lo paralice. Ahí tenés, escapate ahora, dejá el libro y abandoname si podés. No me muevo bajo la influencia de consejos de maricones como Joyce o el inútil de Tolstoi. Yo sigo la línea marcada por un grande, Carlos Monzón, el fantástico campeón de los medio medianos. Pumba y a la lona. Paf... el piñazo en medio de la jeta y hombre al suelo. Carlitos lo decía claramente, con esa forma tan clara que tenía para hablar. "Para mí el rival es un tipo que le quiere sacar el pan de la boca a mis hijos." Y a un hijo de puta que pretenda eso hay que matarlo, estoy de acuerdo.
El lector no es mi amigo. El lector es alguien que les debe comprar el pan a mis hijos leyendo mis libros.
Así de simple. Todo lo demás es cartón pintado. Entonces no se puede admitir que alguien comience a leer un libro escrito por uno y lo abandone. O que lo hojee en una librería, lea el comienzo, lo cierre y se vaya como el más perfecto de los cobardes. Allí tiene que quedar atrapado, preso, pegoteado. "Puto el que lee esto". Que sienta un golpe en el pecho y se dé por aludido, si tiene dignidad y algo de virilidad en los cojones. "Es un golpe bajo", dirá algún crítico amanerado, de esos que gustan de Graham Greene o Kundera, de los que se masturban con Marguerite Yourcenar, de los que leen Paris Review y están suscriptos en Le Monde Diplomatique. ¡Sí, señor -les contesto-, es un golpe bajo! Y voy a pegarles uno, cien mil golpes bajos, para que me presten atención de una vez por todas.
Hay millones de libros en los estantes, es increíble la cantidad alucinante de pelotudos que escriben hoy por hoy en el mundo y que se suman a los que ya han escrito y escribirán. Y los que han muerto, los cementerios están repletos de literatos. No se contentan con haber saturado sus épocas con sus cuentos, ensayos y novelas, no. Todos aspiraron a la posteridad, todos querían la gloria inmortal, todos nos dejaron los millones de libros repulsivos, polvorientos, descuajeringados, rotosos, encuadernados en telas apolilladas, con punteras de cuero, que aún joden y joden en los estantes de las librerías. Nadie decidió, modesto, incinerarse con sus escritos. Decir: "Me voy con rumbo a la quinta del Ñato y me llevo conmigo todo lo que escribía, no los molesto más con mi producción", no. Ahí están los libros de Molière, de Cervantes, de Mallea, de Corín Tellado, jodiendo, rompiendo las pelotas todavía en las mesas de saldos. Sabios eran los faraones que se enterraban con todo lo que tenían: sus perros, sus esposas, sus caballos, sus joyas, sus armas, sus pergaminos llenos de dibujos pelotudos, todo. Igual ejemplo deberían seguir los escritores cuando emprenden el camino hacia las dos dimensiones, a mirar los rabanitos desde abajo, otra buena frase por cierto. "Me voy, me muero, cagué la fruta -podría ser el postrer anhelo-. Que entierren conmigo mis escritos, mis apuntes, mis poemas, que total yo no estaré allí cuando alguien los recite en voz alta al final de una cena en los boliches." Que los quemen, qué tanto. Es lo que voy a hacer yo, téngalo por seguro, señor lector. Millones de libros, entonces, de escritores importantes y sesudos, de mediocres, tontos y banales, de señoras al pedo que decidían escribir sus consejos para cocinar, para hacer punto cruz, para enseñar cómo forrar una lata de bizcochos.

Pelotudos mayores que dedicaron toda su vida, toda, al estudio exhaustivo de la vida de los caracoles, de los mamboretás, de los canguros, de los caballos enanos. Pensadores que creyeron que no podían abandonar este mundo sin dejar a las generaciones futuras su mensaje de luz y de esclarecimiento. Mecánicos dentales que supusieron urgente plasmar en un libro el porqué de la vital adhesividad de la pasta para las encías, señoras evolucionadas que pensaron que los niños no podrían llegar a desarrollarse sin leer cómo el gnomo Prilimplín vive en una estrella que cuelga de un sicomoro, historiadores que entienden imprescindible comunicar al mundo que el duque de La Rochefoucauld se hacía lavativas estomacales con agua alcanforada tres veces por día para aflojar el vientre, biólogos que se adentran tenazmente en la insondable vida del gusano de seda peruano, que cuando te descuidás te la agarra con la mano.

Allí, a ese mar de palabras, adjetivos, verbos y ditirambos, señores, hay que lanzar el nuevo libro, el nuevo relato, la nueva novela que hemos escrito desde los redaños mismos de nuestros riñones. Allí, a ese interminable mar de volúmenes flacos y gordos, altos y bajos, duros y blandos, hay que arrojar el propio, esperando que sobreviva. Un naufragio de millones y millones de víctimas, manoteando desesperadamente en el oleaje, tratando de atraer la atención del lector desaprensivo, bobo, tarado, que gira en torno a una mesa de saldos o novedades con paso tardío, distraído, pasando apenas la yema de sus dedos innobles sobre la cubierta de los libros, cautivado aquí y allá por una tapa más luminosa, un título más acertado, una faja más prometedora. Finge. El lector finge. Finge erudición y, quizás, interés. Está atento, si es hombre, a la minita que en la mesa vecina hojea frívolamente el último best-seller, a la señora todavía pulposa que parece abismarse en una novedad de autoayuda. Si es mujer, a la faja con el comentario elogioso del gurú de turno. Si es niño, a la musiquita maricona que despide el libro apenas lo abre con sus deditos de enano. Y el libro está solo, feroz y despiadadamente solo entre los tres millones de libros que compiten con él para venderse.

Sabe, con la sabiduría que le da la palabra escrita, que su tiempo es muy corto. Una semana, tal vez. Dos, con suerte. Después, si su reclamo no fue atractivo, si su oferta no resultó seductora, saldrá de la mesa exclusiva de las novedades VIP diríamos, para aterrizar en algún exhibidor alternativo, luego en algún estante olvidado, después en una mesa de saldos y por último, en el húmedo y oscuro depósito de la librería, nicho final para el intento fracasado. Ya vienen otros -le advierten-, vendete bien que ya vienen otros a reemplazarte, a sacarte del lugar, a empujarte hacia el filo de la mesa para que te caigas y te hagas mierda contra el piso alfombrado.

No desaparecerá tu libro, sin embargo, no, tenelo por seguro. Sea como fuere, es un símbolo de la cultura, un icono de la erudición, vale por mil alpargatas, tiene mayor peso específico que una empanada, una corbata o una licuadora. Irá, eso sí, con otros millones, al depósito oscuro y maloliente de la librería. No te extrañe incluso que vuelva un día, como el hijo pródigo, a la misma editorial donde lo hicieron. Y quede allí, al igual que esos residuos radioactivos que deben pasar una eternidad bajo tierra, encerrados en cilindros de baquelita, teflón y plastilina para que no contaminen el ambiente, hasta que puedan convertirse en abono para las macetas de las casas solariegas. De última, reaparecerá de nuevo, Lázaro impreso, en la mano de algún boliviano indocumentado, junto a otros dos libros y una birome, como oferta por única vez y en carácter de exclusividad, a bordo de un ómnibus de línea o un tren suburbano, todo por el irrisorio precio de un peso. Entonces, caballeros, no esperen de mí una lucha limpia. No la esperen. Les voy a pegar abajo, mis amigos, debajo del cinturón, justo a los huevos, les voy a meter los dedos en los ojos y les voy a rozar con mi cabeza la herida abierta de la ceja.

"Puto el que lee esto". John Irving es una mentira, pero al menos no juega a ser repugnante como Bukowski ni atildadamente pederasta como James Baldwin. Y dice algo interesante uno de sus personajes por ahí, creo que en El mundo según Garp: "Por una sola cosa un lector continúa leyendo. Porque quiere saber cómo termina la historia". Buena, John, me gusta eso. Te están contando algo, querido lector, de eso se trata. Tu amigo Chiquito te está contando, por ejemplo en el club, cómo al imbécil de Ernesto le rompieron el culo a patadas cuando se puso pesado con la mujer de Rodríguez. Vos te tenés que ir, porque tenés que trabajar, porque dejaste la comida en el horno, o el auto mal estacionado, o porque tu propia mujer te va a armar un quilombo de órdago si de nuevo llegás tarde como la vez pasada. Pero te quedás, carajo. Te quedás porque si hay algo que tiene de bueno el sorete de Chiquito es que cuenta bien, cuenta como los dioses y ahora te está explicando cómo el boludo de Ernesto le rozaba las tetas a la mujer de Rodríguez cada vez que se inclinaba a servirle vino y él pensaba que Rodríguez no lo veía. No te podés ir a tu casa antes de que Chiquito termine con su relato, entendelo.

Mirás el reloj como buen dominado que sos, le pedís a Chiquito que la haga corta, calculás que ya te habrá llevado el auto la grúa, que ya se te habrá carbonizado la comida en el horno, pero te quedás ahí porque querés eso que el maricón de John Irving decía con tanta gracia: querés saber cómo termina la historia, querido, eso querés. Entonces yo, que soy un literato, que he leído a más de un clásico, que he publicado más de tres libros, que escribo desde el fondo mismo de las pelotas, que me desgarro en cada narración, que estudio concienzudamente cómo se describe y cómo se lee, que me he quemado las pestañas releyendo a Ezra Pound, que puedo puntuar de memoria y con los ojos cerrados y en la oscuridad más pura un texto de setenta y ocho mil caracteres, que puedo dictaminar sin vacilación alguna cuándo me enfrento con un sujeto o con un predicado, yo, señores, premio Cinta de Plata 1989 al relato costumbrista, pese a todo, debo compartir cartel francés con cualquier boludo.

Mi libro tendrá, como cualquier hijo de vecino, que zambullirse en las mesas de novedades junto a otros millones y millones de pares, junto al tratado ilustrado de cómo cultivar la calabaza y al horóscopo coreano de Sabrina Pérez, junto a las cien advertencias gastronómicas indispensables de Titina della Poronga y las memorias del actor iletrado que no puede hacer la O ni con el culo de un vaso, pero que se las contó a un periodista que le hace las veces de ghost writer. Y no estaré allí yo para ayudarlo, para decirle al lector pelotudo que recorre con su vista las cubiertas con un gesto de desdén obtuso en su carita: "Éste es el libro. Éste es el libro que debe comprar usted para que cambie su vida, caballero, para que se le abra el intelecto como una sandía, para que se ilustre, para que mejore su aliento de origen bucal, estimule su apetito sexual y se encame esta misma noche con esa potra soñada que nunca le ha dado bola". Y allí estará la frase, la que vale, la que pega. El derechazo letal del Negro Monzón en el entrecejo mismo del tano petulante, el trompadón insigne que sacude la cabeza hacia atrás y hacia adelante como perrito de taxi y un montón de gotitas de sudor, de agua y desinfectante que se desprenden del bocho de ese gringo que se cae como si lo hubiese reventado un rayo. "Puto el que lee esto". Aunque después el relato sea un cuentito de burros maricones como el de Platero y yo, con el Angelus que impregna todo de un color malva plañidero. Aunque la novela después sea la historia de un seminarista que vuelve del convento. Aunque el volumen sea después un recetario de cocina que incluya alimentos macrobióticos. No esperen, de mí, ética alguna. Sólo puedo prometerles, como el gran estadista, sangre, sudor y lágrimas en mis escritos. El apetito por más y la ansiedad por saber qué es lo que va a pasar. Porque digo que es puto el que lee esto y lo sostengo. Y paso a contarles por qué lo afirmo, por qué tengo autoridad para decirlo y por qué conozco tanto sobre su intimidad, amigo lector, mucho más de lo que usted nunca hubiese temido imaginar. Sí, a usted le digo. Al que sostiene este libro ahora y aquí, el que está temiendo, en suma, aparecer en el renglón siguiente con nombre y apellido. Nombre y apellido. Con todas las letras y hasta con el apodo. A usted le digo.
Dedicado a DG y FP

14 sep. 2011

Voxpop acapella band

Gracias a Andrés W conocí esta banda que, decir que es una música copada es poco. Y más este tema a continuación.
¿Vieron? Estos tipos la rompen, decir que es copado es poco.

Paso abajo un par de cosas que copié de su página oficial:


Considerado por el diario La Nación como 'uno de los grupos vocales mas creativos de la Argentina' y ponderado por el conductor radial Ari Paluch como 'un ensamble de calidad impecable' el sexteto vocal Voxpop continua cautivando audiencias. 


Con base en Buenos Aires, Voxpop ha desarrollado una notable reputación por su interpretación de literatura musical desde rock y pop hasta reggae y música clásica. El perfecto empaste de sus seis voces masculinas, que van desde contratenor a bajo, así también como sus certeras recreaciones de la melodía, el acompañamiento instrumental y la base rítmica, contribuyen a que el grupo sea reconocido hoy como 'una auténtica banda de rock vocal'.

Bueno, seguro que quieren escuchar el tema de nuevo, así que voy a hacer lo mismo.

Dedicado a José, mi fan Nº 1 . Número uno por ser el más entusiasta, por ser el primero, y sobre todo porque quizás es el único :P

12 sep. 2011

Quarks de todos los sabores: Final de cuentos de hadas

Quarks de todos los sabores: Final de cuentos de hadas
No vivieron felices para siempre, pues nada vive eternamente; pero vivieron tantos años como es natural, y después pasaron juntos a la tierra donde los árboles florecen y dan fruto a un mismo tiempo, y donde las flores de primavera nunca se marchitan.
--Emma Bull, en "Oro o plata"

9 sep. 2011


Adiós a los calzoncillos rojos de Supermán

El superhéroe deja de lado su tradicional vestimenta en la nueva producción dirigida porZack Snyder.
Superman pierde los calzoncillos. El actor británico Henry Cavill, durante el rodaje de 'Man of Steel', de Zack Snyder.- WARNER BROS
Uno de los rasgos distintivos de Superman es su vestimenta, y siendo más precisos, sus calzoncillos rojos. Las últimas imágenes difundidas del rodaje del próximo filme del superhéroe muestran a éste, cubierto enteramente por el color azul.

De esta forma, Henry Cavill estaría interpretando a un Superman que sigue la línea de los últimos cómics. La editorial DC (también de Warner) decidió renovar la imagen de muchos de sus superhéroes a fin de buscar levantar ventas.

La apuesta por Cavill, quien se destacó en la serie Los Tudor, forma parte de un proyecto con grandes figuras en pantalla. Russell Crowe, Julia Ormond, Kevin Costner y Diane Lane son algunos de los nombres que reparto.

Por su parte, el director de 300, Zack Snyder estará en la realización. La aparición del filme se proyecta recién para el año 2013.

Por eso mismo, las versiones y polémicas en las redes sociales entre los seguidores del hombre de Krypton pueden reproducirse. El tema de los calzoncillos rojos dividió aguas, queda más de 

8 sep. 2011

10.000 EUROS DE MULTA POR NO TENER SEXO CON SU MUJER



Un francés de Niza fue condenado por un tribunal a pagar a su ex mujer una indemnización de 10.000 euros por no haber tenido relaciones íntimas con ella durante años.
10.000 euros de multa por no tener sexo con su mujer
La condena fue pronunciada una vez terminado el proceso de divorcio entre el matrimonio. Según la esposa, la ausencia de sexo en la pareja fue el origen de su separación, pues no se tocaban desde hacía años. El tribunal le dio la razón, ya que "las relaciones sexuales entre esposos son en particular la expresión de la afección mutua que se tienen".
El tribunal rechazó las alegaciones del hombre de 51 años de que tenía "problemas de salud", que "las relaciones simplemente se esfumaron con el paso del tiempo", y que sufría "una fatiga crónica causada por su trabajo".

"[El condenado] no justifica los problemas de salud que le hacían totalmente incapaz de tener relaciones íntimas con su esposa", fue la respuesta de los jueces a sus alegaciones.
Cabe señalar que los jueces en Francia tienen el derecho de determinar en cada caso concreto con qué frecuencia un matrimonio debe tener relaciones íntimas para considerarse una relación sana.

6 sep. 2011

El destino de Facundo:

Mis antepasados decían que una imagen vale más que mil palabras.
Así que los dejo con dos imágenes, para más inri.


¡Insólito! Si se peina, se muere

Una adolescente de 13 años puede morir si se cepilla demasiado el cabello, debido a que padece un raro síndrome relacionado con la acumulación de electricidad estática.

Megan Stewart fue diagnosticada cuando sufrió un terrible ataque y quedó inconsciente después de cepillarse el pelo. Su madre se asustó mucho y llamó a una ambulancia al creer que su hija estaba sufriendo un ataque de epilepsia, según publica el ‘Daily Mail’.
Sin embargo, después de muchas pruebas médicas, los resultados quedaron claros: Sufre el Síndrome del cepillado del cabello.
Megan, de Wishaw, Lanarkshire, recuerda que nunca se había desmayado, pero cuando era pequeña y su madre la peinaba muy fuerte se sentía mareada, reseña Telecinco.
Este síndrome provoca la acumulación de electricidad estática, que emite una señal a su cerebro para que se apague y la persona deja de respirar.
Todos los días, la adolescente tiene que seguir una pequeña rutina antes de peinarse, humedeciéndose el pelo para evitar desfallecimientos y riesgos.

Fuente: "¡Insólito! Si se peina, se muere"

3 sep. 2011

El hombre que atravesó una montaña

    Cuando la tozudez se mezcla con la avaricia fabrica historias para la memoria. William Schmidt, alias “el burro”, era un minero seducido por la fiebre del oro que emigró con lo puesto al desierto de Mojave en busca de fortuna. La codicia y el miedo a los robos por compartir rutas con otros aventureros le llevaron a cavar, él solo, un pasadizo en la montaña directo a la fundición comunal. 38 años tardó en horadar , en secreto, 800 metros de una galería que se convirtió en monumento a la intrepidez amén de legado para generaciones incrédulas.




William Henry Schmidt y el interior del “Burro Tunnel”.



    William Henry Schmidt nació en Woonsocket, Rhode Island, en enero de 1871. Con tan solo 24 años contrajo la misma tuberculosis que había matado a seis de sus hermanos. El médico le echó un semestre más de vida si no cambiaba de aires lo antes posible. Con ello, W. H. Schmidt decidió aventurarse al Gran Desierto de California buscando bajas humedades y nuevos aires como excusa para conquistar su ‘Dorado’ particular.


     A finales de 1890 Schmidt se encontraba trabajando para la Kern County Land Co. en Bakersfield, California. Una de las grandes corporaciones de suelo y minas que explotaban el hierro de la zona. Al principio, la enfermedad de Schmidt traducía en ineficacia su rentabilidad en el trabajo. Poco a poco, la sequedad del ambiente fue moderando su tuberculosis y le permitió desvincularse del trabajo por cuenta ajena para alimentar su particular fiebre dorada.





Estado actual de la entrada del “Burro Tunnel”.



    En 1906, durante su estancia en la Kern, Schmidt descubrió varios yacimientos auríferos en la ‘Copper Mountain‘, un macizo de 3.750 metros situado en Summit County, Colorado. Después de solicitar los respectivos permisos  de explotación personales se trasladó, con lo puesto, a la cercana localidad de Garlok, en la montaña negra de “El Paso” (California) para establecer el campamento base de su atrevida empresa. Era el último pueblo antes de alcanzar la soledad, 32 kilómetros más arriba.


     Para llegar a su yacimiento tenía que atravesar un estrecho desfiladero (‘Last Chance Canyon‘ o Cañón de la última oportunidad) sólo apto para personas y animales de carga. Schmidt adoptó dos Burros abandonados (de ahí su apodo) que fueron su única compañía durante muchos años.  Schmidt amaba la soledad, y no le importaba trabajar y vivir en el infierno si con ello podía anhelar riquezas antes soñadas pero nunca vistas.





Vista aérea de la montaña que atraviesa el “burro Tunnel”.



    La minería del oro era una labor muy solitaria e ingrata, con suma competencia y de requerimientos muy obstinados. Una vez evaluado en el desierto el yacimiento y sus posibilidades (normalmente en localizaciones inhóspitas) lo importante era calibrar las rutas de abastecimiento de agua y provisiones y el camino más corto a la fundición y a los compradores de mercancía. El problema era que Schmidt se hallaba a más de 30 (duros) kilómetros de núcleo habitado. Distancia insalvable con periodicidad. Pero la acumulación de pepitas y enseres no era recomendable por los continuos asaltos y pillaje que reinaba en las cuencas de explotación.


     Por ello (el) Burro Schmidt, después de asentarse en su filón durante dos años en los cuales construyó una mini cabaña (1902) con maderas secas y retales mineros; decidió tomar un atajo en su ruta hacia el destino. ¿Por qué no trazar, en secreto, un túnel directo hasta el otro lado de la montaña evitando el peligroso desfiladero?


     La excavación comenzó, con apenas un par de martillos y un viejo pico, en 1900 cuando Schmidt contaba ya con 29 años y se prolongó durante 38 años hasta mediados de 1938 (66 años). Jack y Jenny (los burros) fueron sus únicos compañeros durante años pero, debido a su pésimo estado, ni siquiera colaboraron con la extracción de escombros, siendo estos sacados en su totalidad por el único  ‘Burro’ que quedaba.





William Henry Schmidt sentado a las puertas de su cabaña.



    El túnel tenía (y tiene)  una altura de 1,80 metros y su con una anchura de hasta 5 metros (en algún tramo) para una longitud total de casi 800 metros. Al final la altura del túnel es menor conforme las fuerzas y la columna de su escultor iban decayendo por la edad. Recto en su totalidad amén de un par de codos al final como buscando desesperadamente la salida. No necesitaba apeos de madera pues estaba escavado en roca pura.  La dureza extrema de sus paredes requería de dinamita para poder horadarlas en condiciones. Schmidt sacrificó parte de sus rendimientos en el avituallamiento de explosivos, pero éstos escaseaban y nunca fueron suficientes para reventar la roca con garantías. Cuentan sus legatarios que, conforme el túnel era más profundo, las explosiones eran cada vez más peligrosas porque solían pillar a Schmidt dentro de la galería, incapaz (por las cortas mechas) de correr lo suficiente para escapar de la onda expansiva.




Estado actual de la cabaña de William Henry Schmidt.



    Conforme pasaba el tiempo la empresa de atravesar la montaña se transformó en una obsesión. Dedicaba más tiempo a la galería que a la extracción del oro. El empeño de Burro Schmidt por abrir a la luz el otro extremo del pasadizo era sólo comparable al tamaño de su soledad y su iniciativa, por incomprendida, ayudó a forjar la leyenda.  La temperatura constante en el interior  (unos 22ºC ) convertían el túnel en el mejor de los refugios frente a las duras condiciones del desierto (50º C) y Schmidt acostumbraba a vivir y pernoctar, pico en mano, en el extremo más profundo de su obra.




Interior (detalle)  de la cabaña de William Henry Schmidt.



    ‘Burro’ Schmidt se perdió, durante su encierro, la Primera Guerra Mundial , la gran caída de la bolsa y la posterior depresión. Su desgracia y desdicha fue la llegada, en 1930, del ferrocarril para cubrir por el cañón la ruta que él mismo pretendía salvar con su túnel. Incomprensiblemente y herido en su orgullo (el) ‘Burro’ Schmidt continuó 8 años más hasta ver culminado su sueño.


     Calculando volumétricamente y a posteriori la cantidad de roca extraída de la galería; los investigadores han concluido que ‘Burro’ Schmidt extrajo en total 5.800 toneladas de piedras; unos 450 kilogramos al día, de media,  durante los 38 años que duró tan singular desafío. Más de 70.000 horas de trabajos forzados.


     ‘Burro’ Schmidt murió en enero de 1954 con 83 años e inconsciente de su hazaña. Su cabaña y el túnel (en medio de la nada) se conservan intactos custodiados hasta hace muy poco por una vieja y enigmática funcionaria del estado que (re)vivió en soledad los viejos fantasmas que asolaron la mente del bueno de Schmidt. Cerca  de la (intacta) cabina que construyó Schmidt , la señora Tonie Seger reparte anecdotario mientras se pueden observar los destartalados instrumentos de hace más de 70 años mezclados con revistas modernas y viejos papeles  que forran las paredes protegiendo del mismo calor que sufrió en su día el señor William Henry Schmidt alias “El burro”.

Fuente "El hombre que atravesó una montaña"

2 sep. 2011

De cómo un vagabundo muerto engañó a Hitler




Preparación de la Operación Mincemeat
La Operación Mincemeat llevó meses de preparación.
Durante la Segunda Guerra Mundial los nazis cayeron en un audaz complot británico en el que les hicieron creer que un vagabundo muerto era un oficial que llevaba documentos secretos. Se trata de la Operación Mincemeat (carne molida). ¿Cómo la hicieron? ¿Se siguen utilizando este tipo de tácticas?
El veneno para matar ratas no le ofrece a los desesperados una muerte fácil. Pero fue con eso que Glyndwr Michael, desempleado y sin techo en el invierno de 1943, decidió acabar con su vida.
Una noche de enero lo encontraron en un almacén abandonado en King’s Cross, Londres.
Según su certificado de defunción, falleció por "envenenamiento con fósforo. Tomó veneno de ratas, en un intento por matarse cuando sus facultades mentales estaban perturbadas".
No fue enterrado en la capital británica ni en su ciudad natal en el sur de Gales. Un juez registró que iba a ser "sacado de Inglaterra" para su entierro.
Pero Glyndwr Michael murió por segunda vez. Una muerte que ayudó a cambiar el curso de la Segunda Guerra Mundial.

De la morgue al mar

Luego de estar tres meses congelado en una morgue su cuerpo fue llevado en barco a la costa del sur de España como parte de una intrincado plan para engañar a los nazis.
Los agentes de inteligencia Charles Cholmondeley y Ewen Montagu transformaron el cadáver en un soldado ficticio –el capitán William Martin– tras haber invertido meses creándole un pasado creíble.
Objetos del falso oficial británico
Los objetos del ficticio capitán William Martin.
En sus bolsillos había un documento de identidad, talonarios de boletos y recuerdos de una novia.
Esposado a su muñeca llevaba un maletín con una carta con la inscripción "PERSONAL Y SECRETO", que identificaba a Grecia como un sitio a invadir por las fuerzas aliadas.
Grecia era un blanco simulado: el plan real era invadir Sicilia.
Cuando el cadáver fue encontrado flotando cerca del puerto de Huelva, se pensó que se trataba de un mensajero militar británico que había perecido en un accidente aéreo.
Las autoridades españolas decidieron que había que enterrarlo pronto, debido al calor y al hedor por su estado de descomposición, y colocaron sus pertenencias bajo llave. 
Fue un período en el que había mucho espionaje y montajes. Pero Mincemeat fue una operación extraordinaria en tiempos extraordinarios.
Amyas Godfrey, del centro de estudios de defensa Royal United Services Institute
Así, el alcohólico vagabundo galés terminó siendo enterrado con honores militares en un cementerio español bajo una lápida que llevaba el nombre de William Martin, RM (por Royal Marines o Marines Reales).
Michael/Martin no fue más que un objeto de utilería en la Operación Mincemeat, una invención de Ian Fleming -el creador de James Bond-, que fue puesta en escena por Cholmondeley y Montagu, los "pensadores locos" del Ministerio de Guerra del primer ministro británico Winston Churchill.
El médico forense de St Pancras -donde encontraron el cuerpo del vagabundo- sabía del plan, había encontrado un cadáver apropiado, sin heridas visibles, y falsificó los documentos para que dijeran que la familia estaba de acuerdo con que se usara. No era cierto: los padres de Michael estaban muertos.
Como corresponde con un engaño soñado por un novelista, la verdadera historia del oficial ficticio se convirtió en una película de Hollywood en la década del cincuenta, "El hombre que nunca existió", basada en el libro que escribió Montagu sobre el complot.

Hasta Hitler

Pero, ¿por qué España? Aunque en apariencia era neutral, estaba llena de espías nazis.
Documentos ficticios
La mejor manera de falsificar un documento militar es pedirle a un general que lo haga.
El cadáver iba a ser el anzuelo para un agente nazi minucioso y bien conectado, pero carente de imaginación: Adolf Clauss.
Los británicos esperaban que los documentos falsos que llevaba el oficial ficticio fueran lo suficientemente convincentes para que llegaran al propio Adolf Hitler.
En ese momento, la guerra estaba por decidirse, con Alemania todavía en control de parte de Europa y Rusia.
"Fue un período en el que había mucho espionaje y montajes dobles", le dice a la BBC Amyas Godfrey, del centro de estudios de defensa Royal United Services Institute.
"Hubo otros trucos, como el del mago que fue enviado al norte de África para que creara un ejército de mentiras utilizando espejos y tanques inflables, pero Mincemeat fue excepcional".
"Fue una operación extraordinaria en tiempos extraordinarios. Hacerlo bien de una sola vez era -y sigue siendo- el etos", agrega.

El as en la manga

Y los británicos tenían un as en la manga, dice Ben Macintyre, cuyo libro Operación Mincemeat es ahora un documental de la BBC.
"Estábamos leyendo la correspondencia de los alemanes -gracias al éxito de los decodificadores de Bletchely Park-. Sabíamos qué estaba pensando Hitler en todo momento".
Con lo que interceptaban en esa instalación militar de espionaje británica, Montagu y su equipo podían leer comunicados secretos entre Hitler y sus fuerzas, lo que les permitía reconocer a los protagonistas alemanes y seguir el progreso de su plan.
Ewan Montagu, oficial de inteligencia de la Armada británica
Montagu, uno de los ideólogos de la Operación Mincemeat, escribió un libro sobre el complot.
"Dudo que un plan de este estilo pudiera ser posible hoy en día, incluso durante una guerra", opina Macintyre.
"Imagínese el escándalo si se revelara que agentes británicos robaron un cadáver. Una de las razones por las que funcionó tan bien fue que dejaron a los organizadores trabajar casi sin supervisión".
Pero Cholmondeley y Montagu ya tenían experiencia en este tipo de asuntos.
Antes de la Operación Mincemeat, habían creado una red de dobles agentes ficticios para desinformar a los nazis.
Estos espías imaginarios tenían empleos, pasatiempos, familia y amantes.
Así, los alemanes pensaron que habían establecido una red de espionaje en el Reino Unido, cuando en realidad no tenían nada.
Como revela lo que ha estado publicando WikiLeaks, registrar las debilidades de los otros es parte integral de la información de inteligencia. Así como los papeles diplomáticos estadounidenses filtrados contienen comentarios poco halagadores de líderes de otros países, los archivos británicos de inteligencia de la época de la II Guerra Mundial dan detalles del carácter de los personajes claves de la Alemania nazi.
Son muy útiles a la hora de negociar... o engañar.
"Los creadores de Mincemeat basaron gran parte de su planificación en la personalidad de los espías alemanes. Esto tiene una gran resonancia moderna en los cables diplomáticos filtrados (por WikiLeaks)", le dijo MacIntyre a la BBC.

"Se tragaron toda la carne molida"

Los alemanes precisaron de varios intentos para hacerse con los contenidos del maletín y, tras una tensa semana, las fotografías de los documentos falsificados llegaron al escritorio de Hitler.
Hombre flotando en el mar
El cuerpo inerte de un vagabundo londinense ayudó a cambiar el rumbo de la guerra.
Se la creyó y mandó una división panzer con 90.000 soldados a Grecia.
Montagu y su equipo le enviaron un telegrama a Churchill: "Se tragaron toda la carne molida".
A principios de julio los Aliados atacaron Sicilia. La isla cayó con una fracción de las bajas que el Reino Unido temía.
"Poco después (el primer ministro de Italia, Benito) Mussolini fue derrocado", dice Macintyre.
"Obligado a hacer frente a esta invasión aliada del sur, Hitler canceló una enorme ofensiva contra los soviéticos. Los alemanes estaban ahora a la defensiva. El Ejército Rojo no se detuvo hasta que llegó a Berlín", agrega.
El rumbo de la guerra cambió completamente gracias, en parte, al cuerpo de un vagabundo puesto a la deriva en el mar.

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